GAUCÍN, LA NIÑA DE LA GUAJIRA
Para comenzar esta bonita
y agradable historia, me viene al dedillo las palabras de Esther Woolfson (escritora
británica), recogidas en su libro EMTRE LA LUZ Y LA TORMENTA (2020): Las
palabras tienden un puente que atraviesa el tiempo, las palabras de observadores,
herederos, cuentacuentos, los historiadores y archivistas de la memoria de la
humanidad en la tierra.
Un archivista e
historiador de la menoria es mi amigo Rafael Chaves Arcos, madrileño afincado
en Málaga, ingeniero forestal que a su vez ejerce de investigador,
conferenciante y articulista de flamenco. Excelente buceador de archivos,
rescatador de historias olvidadas que emocionan y que engrandecen al presente
por conocimiento del pasado.
Fue Rafael quien tuvo la
gentileza de enviarme un artículo periodístico publicado en 1936, en LA
UNIÓN MERCANTIL en la provincia, titulado: Rutas malagueñas para el
turista, GAUCÍN. Un artículo escrito por nada más y nada menos que Diego Vázquez
Otero, hijo ilustre de Málaga, profesor y escritor, nacido en Alpandeire. D. Vázquez
Otero, hace una maravillosa descripción del pueblo, mencionando lugares,
monumentos y personajes de interés, comenzando de esta manera: Deslumbra
este pueblo malagueño por lo blanco y lo pulcro. En casi todas sus calles,
plenas de luz y de cal y cuidadosamente empedradas, hay una fuente, una fuente
de piedra que no deja de borbotear nunca. Escondido en lo más abrupto de la
montaña Gaucín parece dormitar tranquilo y confiado bajo la sombra custodia de
un castillo medioeval que destaca sus almenas rotas y sus torres truncadas
sobre el azul purísimo y radiante de su cielo. Pero la guinda del pastel,
la deja para el final del texto, cuando describe su admiración por una joven,
una joven que canta una guajira acompañada por una guitarra, un encuentro
fortuito, que imagino sería habitual en aquella época donde se cantaba y bailaba
al son de guitarras, laudes y almireces en las fiestas privadas, bares y festejos
del pueblo: Tiene (Gaucín) también sus poetas anónimos que le
consagran sentidos versos. Yo he escuchado con embeleso en la noche
encalmada y silenciosa, bajo un cielo estrellado, cantar a una jovencita linda
y preciosa una canción, una guajira, en la que desglosaba las bellezas y los
encantos del pueblo. Tomé nota de la copla armoniosa que elegantemente me
facilitó la muchachita ingenua de cabellos de oro y cuerpo juncal y pude observar
que se ajustaba perfectamente a los cánones literarios; era una décima que
rezaba así:
En la comarca rondeña
y sobre gigantes lomas,
por donde la aurora asoma
a lucir su rica enseña,
entre el pensil y la
breña
y de montes rodeado,
se exhibe el limpio
poblado
de Gaucín, insigne villa,
como una blanca avecilla
que anida en sitio
escarpado.
¿Quién sería esa
jovencita gaucineña, linda y preciosa de cabellos de oro y cuerpo juncal, que
cantaba al son de una guitarra por guajira? ¿Quién escribiría esa decima
preciosa y perfecta, con alusión a Gaucín? Quizás algún día, los historiadores
y archiveros de la memoria nos desvelarán a los verdaderos protagonistas de
esta historia, mientras tanto, solo nos queda imaginar a la joven y a su
guitarrista, tocando y cantando por guajira este regalo de decima a Gaucín,
para nosotros mismos.
Francis Prieto, 5 de agosto de 2025

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